No sé, estimado lector, si habrás escuchado las noticias del mundo de los negocios que anuncian que está a punto de cerrarse la venta del edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid.
Como empleado que fui durante más de 25 años de esta compañía, y como alguien que siempre ha estado orgulloso de ese pasado ‘telefónico, en este post, quisiera realizar una breve, pero sentida, valoración de esta operación.
La operación
No he tenido apenas tiempo para informarme del detalle de la operación pero, al parecer, la transacción, aún no cerrada en el momento de escribir este post, estaría en una horquilla entre los 120 y 200 millones de euros.
Ignoro el destino que le daría al edificio el principal candidato a comprador actual, el empresario Tomás Olivo, pero dada la naturaleza de sus negocios y la situación del edificio, parece que estaría destinado a convertirse en centro comercial.
Para Telefónica, en apariencia, el objetivo es puramente financiero, fundamentalmente reducir deuda y se enmarca un un plan de ‘desinversión’ (es decir, venta) de activos ‘no estratégicos’.
¿Es una buena operación?
Una ‘no valoración’ financiera y estratégica
Sinceramente, no me atrevo a juzgarlo de forma rigurosa y por ello, aunque voy a apuntar un par de cosas, no lo considero una verdadera valoración si hablamos de puro negocio.
Hombre, reducir deuda, así dicho, me parece bien y, hasta donde sé, desde hace unos años Telefónica arrastra un problema de deuda que parece que, aunque no sólo sea por eso, le supone un lastre en bolsa. Eso sí, e insistiendo en que no conozco los detalles y que no tengo perfil financiero, prefiero que la deuda se salde a partir de excedentes en beneficios por operaciones que ‘desinvirtiendo’, porque esa desinversión siempre supone una reducción de tus activos, en cierto modo de tu valor, por más que esos activos los consideres no estratégicos.
Por lo poco que he leído, Telefónica esperaba obtener 300 millones de euros por esta venta. Si eso era una expectativa real (no una especie de ‘farol’ para comenzar la negociación) y si realmente la horquilla superior de lo que se decide puede obtener son 200 millones de euros, quizá, desde un punto de vista meramente financiero, estaría malvendiendo este activo, quizá presionada por la necesidad de saldar la deuda o, quizá, porque entiende que sobrevaloró el valor de mercado del inmueble. Pero, vaya Vd. a saber…
Lo de la estrategia, claro, es bastante más intangible. ¿Qué hace que un activo tenga o no valor estratégico?
En cualquier caso, y esto es sólo una impresión personal, no me parece que en este punto Telefónica esté actuando con una visión realmente estratégica. Las visiones estratégicas apuntan al futuro, y no un futuro inmediato, y buscan mejorar la posición competitiva. En esta operación, e insisto una vez mas que es sólo mi impresión, creo que Telefónica actúa ‘a corto’ sólo buscando reducir una deuda (una herencia del pasado) que la debe estar asfixiando y no está mirando para nada hacia un futuro que no sea inmediato.
Pero no va de esto…
Pero este ‘post’ no va realmente de una valoración estratégica ni financiera de la operación, temas en los que no me considero especialista y, además, para los cuales necesitaría más información de la que no dispongo.
El post, mis reflexiones y casi diría mis sentimientos, van más en línea con los valores intangibles.
El valor simbólico
El edificio de Gran Vía tiene valor histórico. Se construyó entre 1926 y 1929, fue uno de los primeros rascacielos de Europa y el edificio más alto de Madrid hasta 1953.
Y la dirección de la compañía estuvo durante muchísimos años ubicada en ese edificio, aunque en los últimos años ganara peso Distrito C como sede real de la dirección. Pero, incluso hasta 2025, fue donde se realizaban los consejos de administración.
Es un edificio emblemático de Madrid también con valor turístico.
Y ha sido, especialmente, un edificio emblemático para la propia empresa, la imagen que aparecía una y otra vez en todo tipo de comunicaciones como imagen de Telefónica.
¿Cómo se cuantifica ese valor simbólico? ¿Cómo se pone en la balanza de una operación financiera?
Es cierto que es un intangible pero, sin embargo, a otros intangibles como son las propias marcas (digamos Movistar) se les da mucha importancia estratégica y se les asigna valor económico y no menor. Y, en general, en marketing y comunicación se invierte y, mucho, pese a que cómo dijo hace John Wanamaker, la mitad de eso que se invierte en marketing es un desperdicio (y lo difícil es saber qué mitad).
¿Nos es un activo como el edificio de Gran Vía, con su valor histórico y simbólico, algo parecido a una inversión en marketing? ¿No tiene de verdad ningún valor de mercado? ¿O es que ese valor de mercado es inferior a, digamos, 200 millones de euros?
Tradición, orgullo y pertenencia
Más allá del valor de mercado (un valor externo) ¿Qué hay del valor para la propia compañía y, sobre todo, para sus empleados?
En los discursos oficiales se valora mucho, y cada vez más, el compromiso del empleado, su sentimiento de pertenencia, su orgullo de pertenencia.
Prescindir de un edificio tan emblemático, que ha representado desde siempre a Telefónica, que conecta a la Telefónica actual con la del pasado, que crea una sensación de continuidad, historia y tradición, de algo grande ¿No va en la dirección de despersonalizar a la compañía y sus símbolos y no puede por tanto, afectar a ese orgullo de pertenencia?
¿Influye el directivo?
Me pregunto si esta operación es posible porque al frente de Telefónica se encuentra Marc Murtra, un directivo venido, digamos, ‘del exterior’, casi ‘recién llegado’, un directivo que, sin atreverme a juzgar su cualificación y motivaciones, quizá, digo sólo quizá, ‘no sienta los colores’.
Me pregunto si esta operación sería posible bajo el mandato del anterior presidente, José María Álvarez-Pallete, quien sí que había estado muchísimos años en Telefónica antes de asumir su presidencia. Y se me ocurre pensar que tal vez, sólo tal vez, Pallete no hubiese vendido el edificio de Gran Vía porque me hago a la idea de que si ‘sentía los colores’ y probablemente percibiría más ese valor simbólico.
Tristeza
En cualquier caso, no me atrevo, y lo digo ya por enésima vez, a juzgar objetivamente la operación, su sentido financiero y estratégico. Expertos habrá que lo hagan o hayan hecho
Lo que sí digo es que en esta operación, aparte de un inmueble, se venden elementos intangibles que creo que son muy valiosos.
Y también digo que, de forma absolutamente subjetiva, como ex-empleado de Telefónica, como alguien que ha sentido, y siente, profundamente ese orgullo de pertenencia, y he dejado buena huella de ello en varios posts en este mismo blog a lo largo del tiempo) esta operación me produce tristeza, una gran tristeza.
Conclusiones
Según nos dicen las noticias, está cercana a cerrarse la venta del emblemático edificio de Telefónica en la Gran Vía Madrileña.
Más allá de posibles valoraciones estratégicas y financieras, están en juegos elementos simbólicos, casi diría que culturales, y no puedo evitar, a nivel personal, que eso me produzca una gran tristeza y desconsuelo.







