Hace unos días publicaba en este blog un post basado en la lectura del paper es ‘Thinking—Fast, Slow, and Artificial: How AI is Reshaping Human Reasoning and the Rise of Cognitive Surrender‘ escrito por Steven D. Shaw y Gideon Nave de Wharton.
El post, que titulé ‘La inteligencia artificial y la rendición cognitiva‘, se centraba en el fenómeno de la rendición cognitiva (‘cognitive surrender‘), pero también mencionaba otro fenómeno, u otro comportamiento: la delegación cognitiva (‘cognitive offloading‘) que también podríamos traducir como descarga cognitiva.
En este nuevo post me voy a fijar en ese segundo fenómeno, la delegación cognitiva. Y lo haré para resaltar un hecho que me ha llamado la atención: el uso de la delegación cognitiva por parte de las aplicaciones basadas en modelos generativos en general, y de los famosos agentes IA en particular.
La delegación cognitiva
El concepto de delegación cognitiva proviene del campo de la psicología y hace referencia al uso de herramientas externas para reducir nuestro esfuerzo cognitivo. Con mucha frecuencia la usamos como ayuda para recordar, pero también se extiende a la ayuda en otras tareas cognitivas como calcular o decidir, por ejemplo. Aunque cada vez se habla más de este fenómeno ligado al uso de herramientas digitales y especialmente de la inteligencia artificial, en realidad es algo natural y que hacemos desde antes de la existencia de herramientas digitales.
Si hacemos una lista de la compra para ayudarnos a recordar lo que tenemos que adquirir en el supermercado, estamos haciendo delegación cognitiva para evitar tener que recordar nosotros lo que teníamos que comprar. Si utilizamos una calculadora para hacer unas cuentas en lugar de hacerlo mentalmente, estamos aplicando delegación cognitiva.
Ya en el ámbito digital, pero en casos muy cotidianos, si utilizamos la lista de contactos de nuestro móvil para marcar un número, estamos haciendo delegación cognitiva, evitando tener que recordar nosotros ese número. Y si utilizamos el GPS y Google Maps para que nos marque el camino, estamos haciendo descarga cognitiva, evitando tener que recordar nosotros ese camino u orientarnos mientras conducimos.
Agentes
Los agentes IA son una forma de aplicación basada en un gran modelo de lenguaje y, en concreto un gran modelo razonador. Ese modelo razonador les dota de ‘inteligencia’ y de ‘conocimiento’ y, salvando las distancias, jugaría un rol equivalente al cerebro de las personas.
Pero los agentes interactúan con su entorno para ser verdaderos agentes (para hacer). Y para ello se rodean de las llamadas herramientas ‘tools‘ que, con mucha frecuencia vía conectores o servidores MCP les permite interactuar con todo tipo de aplicaciones y servicios externos.
Mecanismos de delegación
Y creo identificar un paralelismo entre cómo estamos construyendo aplicaciones basadas en grandes modelos de lenguaje (como son los agentes, pero como son también los chatbots generativos como ChatGPT o Claude AI) y este mecanismo de delegación cognitiva.
Así, si pensamos en el ‘recuerdo’, este tipo de aplicaciones incluyen muchos elementos auxiliares para que su ‘cerebro’ no tenga que recordar. El propio y famoso contexto no deja de ser una forma de memoria externalizada, al menos externa al modelo de lenguaje (aunque realmente no al chatbot o al agente).
En la misma línea podríamos situar las denominadas memorias (cosas que el chatbot o agente aprende sobre el usuario) o los almacenes vectoriales que sirven de repositorio sobre el que actúa el mecanismo RAG (‘Retrieval-Augmented Generation‘).
Los mecanismos que menciono arriba están ‘embebidos’ dentro de la aplicación, y quizá haya quien considere que realmente no tiene la característica de externalización propia de la delegación cognitiva.
Pero el uso de las ‘tools’ abre posibilidades adicionales de delegación, en realidad en unas posibilidades inmensas. Así, abre el paso, por ejemplo, a descargar el recuerdo de datos en bases de datos externas o a invocar a una calculadora externa para un cálculo matemático o, en el fondo, a casi cualquier aplicación que pueda realizar una tarea, en este caso de naturaleza cognitiva, descargando así de ese ‘esfuerzo cognitivo’ al modelo de lenguaje.
Biomímesis y patrones cognitivos
No sé si me he dejado llevar por la imaginación (la verdad es que creo que no), pero aprecio que, de una forma probablemente no intencionada sino guiada por necesidades funcionales y técnicas, en la arquitectura de aplicaciones basadas en IA, en particular los agentes, les estamos dotando de potentes mecanismos de delegación cognitiva.
Y dado que, aunque presuntamente de forma no intencionada, estamos imitando, uno de los mecanismos cognitivos del cerebro humano, la delegación cognitiva, podríamos, quizá, hablar de una forma de biomímesis en este caso de naturaleza cognitiva o de la existencia de unos patrones (casi unas buenas prácticas) de actividad cognitiva.
Y si estos patrones que estamos introduciendo en los agentes provienen de la naturaleza, o están expresados en la naturaleza, en este caso nuestra propia naturaleza cognitiva, seguramente eso sea señal de que estamos adoptando un buen diseño en las arquitectura de los agentes.
Conclusiones
Las aplicaciones basadas en grandes modelos de lenguaje, particularmente el caso de los agentes, parecen imitar, probablemente de manera no intencionada, un mecanismo absolutamente natural en la cognición humana como es la delegación cognitiva. Eso pudiera ser, eventualmente, una buena señal, un indicador de un buen diseño.







